21 de diciembre de 2013

Steve Vai iluminó el Gran Rex

Por Víctor Spinelli, para Rock.com.ar

El virtuoso e innovador guitarrista estadounidense volvió a nuestro país después de 6 años, para cerrar su gira ‘The Story Of Light Tour’ y repasar sus más grandes clásicos.

Steve Vai. Foto: Victor Spinelli | www.rockenfotos.com.ar
Steve Vai es un artista único. Mientras que en la mayoría de los casos un músico puede ser ubicado, al menos de manera aproximada, alrededor de un estilo determinado, disco a disco, visita a visita, Vai demuestra que en eso tan imposible que hace, puede ser aún mejor que la vez anterior. Cuando uno cree que Steve Vai ha llegado al límite de lo humano, él mejora. Inexplicable.

Eso vino a demostrar el “pequeño italiano virtuoso”, como lo llamaba Frank Zappa, en las noches del 12 y 13 de diciembre en el Teatro Gran Rex, cuando cerró la gira presentación de The Story Of Light, 2da parte de la trilogia ‘Real Illusions’. Mientras afuera, a escasos 50 mts, un grupo de violentos destruía todo lo que tenía a su paso en ¿conmemoración? del Día del Hincha de Boca, en el hall del Gran Rex la historia era completamente otra. Mientras ahí, en Av. Corrientes, se registraban todavía algunas corridas, en la antesala del teatro todo era calma, alegría, felicidad y, sobre todo, ansiedad. Steve Vai no venía hacía rato, y su última visita (2007) sería realmente difícil de superar. ¿Qué nos tenía preparado el imprevisible amo de las 6 cuerdas?

Pasadas las 21.30 del Jueves 12 de diciembre, las luces se una sala repleta se apagan al compás de una ovación interminable. En segundos, entre una densa humareda azulada, se reconoce la contorsionada figura del larguirucho de larguísimo y ágiles dedos. Largaría con dos del disco protagonista: ‘Racing The World’ y ‘Velorum’. La tercera llegaría luego del obligado y postergado saludo, adentrándose en la primera parte de la trilogía: ‘Building The Church’.

Con un sonido claro y contundente, y mientras el guitarrista deliraba con interminables, impecables y emotivos fraseos, la banda completada por los también virtuosos Dave Weiner en guitarra, Jeremy Colson en batería y Philip Bynoe en bajo, era protagonistas de su propio show.


En un ambiente inmejorable, con el público a punto caramelo, y un Vai distendido, de un acostumbrado excelente humor, llegaría el primer megaclásico, una de esas preciosa “canciones número 7″: ‘Tender Surrender’. Seguiría más del nuevo disco: el single ‘Gravity Storm’, ‘Weeping China Doll’, y hasta un momento estelar para el guitarrista Weiner con una acústica de sello propio: ‘The Trillium’s Launch’. Después más clásicos: ‘Anwsers’, ‘The Animal’, la preciosa ‘Whispering a Prayer’ (grabada en la misma sala 13 años antes para el disco en vivo “Alive In An Ultra World”), ‘The Audience Is Listening’.

Era momento de bajar unos decibles con un set acústico que incluyó fragmentos de ‘The Moon and I’, ‘Rescue Me or Bury Me’, ‘Sisters’, ‘Salamanders in the Sun’, ‘Treasure Island’ y hasta una genial versión de ‘Fire Garden Suite II: Pusa Road’, con el baterista Jeremy Colson acompañando en uno de sus acostumbrados engendros baterísticos, en esta ocasión armado con tachos, botellas de plástico, bidones, y otros elementos reciclables que “consiguió en la basura”. La perlita: Colson redoblando en el suelo y hasta sobre el cuerpo de la guitarra de Vai, seguido de cerca por un asistente con micrófono. Luego, el escenario y Colson quedarían a solas por unos minutos. Demoledor.

Steve Vai. Foto : Victor Spinelli
A más de 2 hs y media del principio, el tramo final nada tendría que envidiar a un show que iba de mejor en mejor aun: ‘The Ultra Zone’, el increíble tributo a Zappa ‘Frank’ y lo que sin dudas fue la nota más alta de la noche: El segmento, que el guitarrista dio en llamar ‘Build Me A Song’, consistiría justamente en eso: “La próxima canción es nueva. Es tan nueva que aun no la hemos escrito”, adelantaría ante el desconcierto del público, para en segundos hacer subir al escenario a 4 espectadores de las primeras filas que, durante los próximos minutos, dirían a los músicos – tareareando, larareando, o con mímica – lo qué tenían que tocar. El resultado: una genial y original pieza en clave de funk con cortes reggae, una auténtica zapada en vivo.

Luego de semejante experiencia, pocas cosas podían llevar el show aun más arriba. Lo inevitable: ‘For The Love of God’ cerraba parcialmente el show. Pocos minutos más tarde, Vai y amigos volvían al escenario para dar la estocada final con otra épica: ‘Fire Garden Suite IV: Taurus Bulba’.

Explícitamente emocionado, Vai se desharía en agradecimientos a su público. Su último acto de lealtad a la multitud llegaría con el saludo final cuando, a la acostumbrada reverencia en grupo, sumara también a los 4 espectadores que, aun, presenciaban el show perplejos desde unas sillas cuidadosa y exclusivamente acomodadas a un costado del escenario. Después de todo, eran parte de la banda.

Y dejaba Vai el escenario. Pero aun quedaba una noche, la del viernes 13. Y todos los que allí estábamos, lamentamos por anticipado nuestra ausencia en la próxima velada.

Fuente: Rock.com.ar

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