14 de junio de 2009

The Shadowland - Falling


Disco resubido, publicado originalmente el 01.03.2008

01. Can You Tell Me
02. Turn Back Home
03. Falling
04. Perfection
05. Don't Turn This Love Into Hate
06. Some Old Muddy Roads
07. Justice With My Hands
08. In The End
09. Turn Back Time
10. Don't Chain My Heart


The Shadowland (no confundir con la banda inglesa de neo-progresivo formada formada en los 90's por el tecladista de Pendragron, Clive Nolan, llamada Shadowland), es una joven banda de metal (en varias de sus formas) oriunda de Suecia. Al ser una banda completamente nueva es de entender que haya poco para decir de ellos, o al menos de su historia, que tampoco ha prolifierado en las fuentes habituales que la net tiene para ofrecernos. Lo único que puedo decir de la banda es lo que he encontrado en el MySpace de la misma, a saber: http://www.myspace.com/shadowland1. Me basaré entonces en esta pequeña y poco específica reseña histórica.

Según cuentan, algunos años atrás, algunos de los actuales miembros terminaron, al parercer por arte del azar, tocando en la misma banda. En ese momento, y luego, construyeron, sin siquiera darse cuenta, las bases para lo que sería The Shadowland. Algunos años y cambios de formación después el cantante Robert Forse (ex Heads Of Tales y Afterglow) y el guitarrista Tobias Andersson (miembro de Seven Wishes), comenzaron a escribir canciones juntos. A medida que la composición avanzó, también fueron grabando sus creaciones, para dar con un productoi final bastante interesante. Finalmente a este duo de se suman el baterista Olle Rodéhn y el bajista Magnus Jönsson (ex Damned Nation), con quienes la banda terminará de tomar forma como proyecto firmemente conformado.

Ahora sigo yo, como librepensador que soy (?). En cuanto a sonido y estilo, se hace difícil ubicar a esta fabulosa banda en un único estilo. Lo que sí puedo afirmar sin miedo a ningún tipo de represalia, es que me hace acordar MUCHO a Symphony X (de la que asumo son fanáticos), y por momentos, también a Dream Theater y bandas similares.
Pero hay algo que los diferencia de estas bandas. The Shadowland parece dar mucha importancia a las melodias, contando así con secciones instrumentales mucho más cortas y menos complejas que las bandas que antes nombré, optando por un formato si bien metalero, más de canción. En este sentido, si bien la banda se perfila en muchos casos como un buen representante del metal progresivo contemporáneo, me atrevo a destacar una veta más bien de metal melódico, más acentuado en la melodía y las letras, que en la complejidad musical y técnica. Lo asombroso es que a pesar de esto, es una banda que no pierde ni un céntimo de calidad frente a estos dos gigantes del metal progresivo y melódico.
Y todo esto se pone de manifiesto en su primer trabajo (y único por el momento), Falling, del año 2007.

Las bandas suecas no son de las más conocidas en el ambiente, y The Shadowland no corre una suerte distinta del grueso de grupos de dicho origen. Así que en pro de la escena musical sueca (que por otro lado nos ha dado algunas bandas muy interesante, como es el caso de Opeth o Nightingale), les dejo este precioso disco.

13 de junio de 2009

Museo Rosenbach - Zarathustra


01. L'ultimo Uomo
02. Il Re Di Ieri
03. Aldilá Del Bene E Del Male
04. Superuomo
05. Il Tempio Delle Dessidre
06. Degli Uomini
07. Della Natura
08. Delleterno Ritorno

Volvemos, luego de un moderado (?) lapso en el que el tiempo y las circunstancias hicieron dificil realizar el árduo trabajo de investigar, postear, publicar, etc. Y no sólo volvemos al ruedo con la publicación de discos, sino que también es una vuelta a los clásicos de clásicos, a esas bandas que hicieron que hoy en día exista el rock, el rock de Ley, tal y como es. Esas bandas que ya desde principios de los 70's se animaban a experimentar, a dejarse llevar más por sus corazones que por sus cuentas bancarias, en fin, a hacer algo de arte; de ese que hoy en día viene escaceando.

Es este el caso de Museo Rosenbach, agrupación italiana, formada allá a principios de los años 70's (entre 1971 y 19732 se consolida la primera formación), por Stefano Galifi (voz), Enzo Merogno (guitarra y voz), Pit Corradi (teclados), Alberto Moreno (bajo, piano y melotrón) y Giancarlo Golzi (batería, percusión, voz).
Cuenta la historia que la banda comienza su desempeño musical en vivo presentandose como soporte de otras bandas de le época (como Richi e Poveri, o Delirium), para ir poco a poco y gracias a la gran capacidad de todos y cada uno de sus integrantes, ganando adeptos que con con el correr de sus presentaciones comenzarían a asistir a las mismas con la exclusiva intención de ver a Museo Rosenbach. Y hablando de la capacidad de sus músicos, cabe destacar que si bien funcionan de manera impecable como banda, lo que cada uno puede hacer y hace, efectivamente nos pone frente a una agrupación formada por excelentes instrumentistas y músicos solistas. Con esto no hablo de individualidades o división, sino más bien de que cada uno de los integrantes e Museo Rosenbach puede, debido a su virtuosismo, ser el protagonista en cualquier momento para pasar a un segundo plano luego, cuando cede su lugar a alguno de sus compañeros. Ultimamente esto es bastante complicado de encontrar, ya que en general, en toda banda exite algún flojito, alguno que no termina de encajar. Bien, esto es lo que no está ni cerca de ocurrir en Museo Rosenbach. Todos y cada uno son genios, virtuosos, artistas de la más elevada índole. Voz y música se entremezclan de una manera única, incomparable realmente, de la mejor manera, claro.

Y en este contexto nace Zarathustra, disco que, a pesar de la cantidad de elogios que la banda merece, será su único lanzamiento oficial (luego apareceran distintas ediciones ilegítimas de trabajos en vivo, rarezas, lados b, etc.). El disco es editado en el año 1973, y como su nombre lo indica, se trata de una obra conceptual dedicada íntegramente al libro de Nietzsche, "Así habló Zarathustra", en el cual el autor desarrolla su concepto de Superhombre, a partir de la idea de un Dios que ha muerto, al cual ya no se puede recurrir como base para la existencia ni para la acción.
Ahora, lo curioso es que no se trata para nada de una musicalización del los pasajes del libro, ni de una mera adaptación a sus ideas, sino más bien de una suerte ópera en la cual se realiza una rigurosa lectura filosófica del libro del autor alemán. No hablamos un disco en el cual algunas temáticas de la obra son tomadas y poetizadas, no. Hablamos de ocho canciones que son ocho discursos, ocho monólogos de Zarathustra, aquel personaje que recorre el mundo brindando su enseñanza, coligiendo su profesía. Como monólogo, como discurso, se tratan de distintas plasmaciones de verdad. No en el sentido absoluto del término, sino en el de verdad del sujeto. Cada canción habla de una verdad de este polémico personaje que, como el nuevo elegido, dicta la Ley y hace la regla.

Yendo ahora a lo estrictamente musical, es desde un principio notable el cuidado puesto tanto a la composición como a la ejecución. Todas las piezas son de una solidez destacada, de una prolijidad pocas veces palpada, y, sobre todo, constan de una continuidad que lo hacen un disco integrado, integrador, homogeneo hasta en su más mínimo detalle. Uno de esos discos en los que uno se propone prestar una profunda atención a todo lo que ocurre, pero que, sin excepciones, termina hudiendo al oyente en los profundos mares de su contenido, oyente que se sorprende cuando el disco, como de la nada, llega a su finalización. Y es esta una sorpresa grata: no por desear el final del disco, sino porque el viaje fue tan agradable, que ni siquiera se sintió, y sin embargo, genera un sentimiento de armonía y paz unicos.

Finalmente, me gustaría hacer una mención especial al sonido. Si bien estamos en la era del cd, dvd, etc, todos hemos tenido la experiencia de adquirir grabaciones muy antiguas que, aunque hayan pasado por veinte remasterizaciones, no dejan de atestiguar lo pobre de las tecnologías pasadas. En el caso de Zarathustra, lo podrán comprobar, es una pieza de un sonido tan prolijo, tan cuidado, tan delicado, que sorprende pensar que se haya grabado hace más de 30 años. Recuerda quizás a la experiencia Dark Side Of The Moon, otro disco notable en lo referente al sonido (sin entrar en detalles sobre lo grandioso del disco en sí); pero tengamos en cuenta que en este caso, no nos encontramos ni en Inglaterra, ni en los estudios Abbey Road, ni está Alan Parsons a cargo del sonido y la mezcla. Estamos en Liguria, pequeña población al norte de Italia, con no más de 1.700.000 habitantes en la actualidad. Esto es algo completamente distinto.

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